En tiempos antiguos, los hombres a veces capturaban mujeres
para hacerlas sus esposas. Para ello, el hombre llevaba
a su amigo más fuerte y en el que más confiaba
para ayudarle a combatir la resistencia por parte de la
familia de la novia. A este amigo se le llamaba "el
padrino".
En Inglaterra, el padrino acompañaba al novio hasta
el altar para ayudarle a defender la novia. Como a menudo
tenían que combatir, la novia se colocaba habitualmente
a la izquierda del novio, para dejarle libre el brazo derecho
para empuñar la espada.
Hoy en día, el padrino le entrega el ramo a la novia
en su casa antes de la ceremonia. A veces también
le recita un verso.